Un poco de música

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Domingo lluvioso de mayo. No hace frío, pero la humedad recuerda esos momentos de invierno en los que encanta estar delante de la chimenea con una mantita y una taza de té. Y a ser posible, en buena compañía.

Para esta tarde escojo un Lipton Finest Earl Grey, para mi gusto excesivamente perfumado con bergamota. Por eso lo mezclo con un poco de té negro sencillo. El resultado es perfecto. Lo endulzo con miel.

No es una tarde triste, pero apetece escuchar algo que evoque melancolía. No tengo que buscar mucho. “Sabato Pomeriggio” de Claudio Baglioni  parece perfecto. Es un álbum de 1975 que  ha hecho un pacto con el diablo. Vaya, que parece que por él no ha pasado el tiempo. Imprescindible la versión original, en italiano. 45 minutos mágicos que me gustaría compartir.

https://www.youtube.com/watch?v=sp195GhOyco

La voz de Claudio me lleva a la adolescencia, cuando parecía que cualquier cosa que me pasara era definitiva, terrible, traumática y única. Una época en la que me encantaba sentarme en la ventana a suspirar en una postura de lo más interesante, confiando que alguien me viera, me preguntara y yo pudiera decirle, de la forma más melodramática posible, que no se podía hacer nada por mí. Eran momentos de enamoramientos eternos, de importantísimas creencias, de juramentos para toda la vida.

Paseábamos a la luz de las estrellas con los amigos de verano casi hasta que se hacía de día, haciéndonos secretas confidencias que prometíamos no contar jamás. Tomábamos decisiones vitales aconsejados por una ouija improvisada. Nos sentíamos infinitamente culpables por cosas, siempre terribles, que habíamos dicho o hecho.

Los sábados íbamos a la discoteca del pueblo, novatos de experiencias, a esperar que tocaran  los lentos para bailar con el chico que nos gustaba o para decirle “no gracias”, pensando que eso haría que su pasión se multiplicara. Por supuesto, estábamos convencidos de que levantábamos pasiones.

Ahora me descubro a mí misma sonriendo por todo esto. Me pregunto si los adolescentes de ahora también tienen estos sentimientos, que yo recuerdo muy profundos.

Vuelvo a escuchar el tema principal del álbum y me vuelvo a sentir muy enamorada.

El romanticismo se rompe a gritos, en el momento en que el jugador de fútbol de turno marca un gol, revolucionando a todos los hombres de la casa.

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