El arte de tender la ropa (y el derecho a equivocarse)

P1080823 1

Los calcetines ya emparejados para que después sea muy fácil recogerlos, las camisetas por las costuras de abajo para que no cojan forma por los hombros, las camisas en percha para facilitar el planchado, los pantalones por las perneras juntas para que queden con raya, las toallas y las sábanas…  Y cuando terminamos con la mejor manera de tender la ropa empezamos con la de cómo poner los platos en el lavavajillas. Todo el mundo sabe cuál es el mejor modo, todo el mundo sabe dar consejos.

Mira, vamos a dejarlo estar. Si lo haces tú, hazlo como te dé la gana. Si lo hago yo, déjame en paz.

Mi madre (muy sabia, mi madre) siempre decía que hay cien maneras de hacer las cosas y treinta de ellas son buenas. ¿Qué tú lo harías de otra forma? Y qué. La tuya puede que sea una de las treinta. Asume que las otras también son válidas.

Deberíamos recordar el poco caso que hacíamos a los mayores para muchas veces darnos cuenta de que tenían razón, aunque no siempre.  Recordar cómo aprendimos a base de equivocarnos, pero también cómo nos dimos cuenta de que a veces había mejores soluciones gracias a nuevas ideas, para llegar a donde siempre.

Por la misma regla de tres, ahora que nosotros somos los mayores, deberíamos reconocer que no somos los posesores de todo conocimiento, que nuestros niños aprenderán a base de equivocarse y de vez en cuando nos enseñarán nuevas rutas para los mismos destinos a los que creíamos haber llegado ya.

En una palabra. Tolerancia.

Muchos de los grandes inventos y descubrimientos han sido frutos de errores y trasgresiones. La mayoría en contra de la voluntad común. Hay quien lo ha pagado muy caro y muy pocos han tenido el reconocimiento merecido. A día de hoy creemos que esto ya  no pasa. Gran mentira. Aun se le da mucha más importancia a postureos y famosillos que no han aportado nada a nuestra existencia y menos aun a la historia,  y seguimos sin reconocer méritos de personas muy preparadas que harán que nuestra vida y la de nuestros hijos sea mucho mejor.

Así somos.

Una vez confundí la sal con el azúcar en una receta de brioche. Bueno,… fue un desastre. Pero ¿Y si hubiera salido bien? Por si acaso, aquí está la formula que da buen resultado. Apunta:

500g. harina, 4 huevos grandes, 100g. azúcar, 30g. levadura fresca (la encontrarás en el Mercadona, al lado de la mantequilla), 4 cucharadas de leche tibia, 200g. mantequilla cortada en dados, un poquito de sal.

Primero hay que deshacer la levadura en la leche templada y mezclarla con parte de la harina hasta que quede una masa que se separe de la mesa. La ponemos en un cuenco  cubierto con un trapo hasta que doble el volumen (una media hora). Así conseguimos lo que se llama masa madre.

Con el resto de la harina formamos un volcán y ponemos en el centro los huevos, la sal y el azúcar. Empezamos a amasar. Añadimos la masa madre y la mantequilla poco a poco. Seguimos amasando con fuerza. Yo le pego golpes a la masa contra el mármol. Además de ayudar a la mezcla, resulta muy útil para desahogarse. Si la masa es muy recia, podemos añadir un poco más de leche. En principio no hace falta. La separo en seis trozos, hago tubos con ellos y los trenzo de tres en tres. Salen dos piezas. Las coloco bien separadas en una bandeja de horno, sobre papel de hornear.

Toca esperar un buen rato. La masa tiene que crecer, por lo menos, el doble. Depende de la temperatura ambiente pueden ser una o hasta tres horas. Yo tengo un truco (y ahora los puristas se me tirarán encima). Cuando hace un poco de frio, lo que hago es encender el horno a 35/40º y poner la masa dentro hasta que crece lo que yo quiero. Va mucho más rápido, aunque media hora no se la quita nadie.

Es el momento perfecto  para una taza de té. Hoy preparo un English Breakfast y lo endulzo con el almíbar del arrope que compré en Sant Ponç. Tiene un tono muy oscuro y la misma densidad que la miel. Muy dulce y un poco áspero. Diferente.

Cuando la masa ha crecido lo deseado, sólo hay que pintarla con huevo batido, ponerle azúcar, almendras crocante o fruta confitada por encima y hornearla durante 15-20 m. a 180º. Como siempre, hay que vigilar el horno de vez en cuando.

También he intentado hacerla en panificadora y el resultado es el mismo, solo que con aspecto de pan de molde. La ventaja es que no hay que hacer nada más que meter todos los ingredientes de golpe y apretar el botón que te recomienda el fabricante. Gran diferencia.

Una recomendación final. Toda la bollería hecha con levadura fresca empieza a endurecer al tercer día. Si para entonces sobra algo, corto el brioche en rodajas y lo congelo. En el momento de consumirla, la pongo en la tostadora y está estupenda.

“¿Para qué repetir errores antiguos habiendo tantos errores nuevos por cometer?”  Ojalá la frase fuera mía, pero a Bertand Russell se le ocurrió antes.

 

Anuncios

6 pensamientos en “El arte de tender la ropa (y el derecho a equivocarse)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s