El poder de la luna llena (Solsticio de verano, renovarse o morir)

buena

Salgo tarde de trabajar y es oscuro cuando vuelvo a casa. Los días de luna llena siempre me la encuentro allá, al final de la calle, encima del mar, esperando para alegrarme la noche.

No me creía especialmente lunática, pero es verdad que tiene un poder hipnótico extraordinario y muchas veces, si la noche no es muy fría, me gusta subir a la azotea a darme un buen baño de luz lunar. Y no puedo evitarlo, suelo pedirle algo. A veces un poco de fuerza para enfrentarme a mis demonios. A veces, que me haga de mensajera. A veces, que influya para que se cumplan mis deseos. Y si la noche es fría me subo con una mantita y una taza de té que me hace de estufa entre las manos. Un té negro con vainilla, por ejemplo, aromático y que distrae al olfato al mismo tiempo que al gusto.

Tampoco soy especialmente fetichista, pero tengo una piedra (que escogí al tacto un día de luna y resultó ser preciosa) que pongo a recargar de energía en un vaso de agua con sal, según las instrucciones de mi amiga Lulú, los días que está espléndida. Seguramente no sirve para nada, pero a lo mejor sí. Me gusta llevar esa piedra siempre en el bolso. Es como lo de las meigas. No existen, pero “haberlas, hailas”.

Este año, por primera vez en setenta, el solsticio de verano ha coincidido con la luna llena. ¿También es coincidencia que haya sido precisamente este año, en el que mi cuerpo y mi mente piden a gritos un cambio radical?

Evidentemente, las razones nada tienen que ver con la luna. Llegar a este punto siempre es después de un proceso lento y constante de maceración. Y la decisión final no se toma a la ligera por un simple guiño de Artemisa. Por supuesto que es una coincidencia, pero ¡qué bien la decora!

Solsticio de verano. Momento de aquelarre y hogueras en las que tirar los trastos viejos. Saltar sobre las llamas. Posiblemente, quemarse. Y después…

 

TRUFAS de almendra garrapiñada.

Es tan fácil que casi da vergüenza.

Necesitamos 300 g. de chocolate negro, 150 g. de mantequilla, 2 huevos, tres bolsas de almendra crocanti, un chorrito de Cointreau.

Fundimos el chocolate con la mantequilla, un minuto en el microondas. Al chocolate le cuesta un poco, pero con el calor de la mantequilla, se va fundiendo. Se trata de ir removiendo hasta conseguirlo. Añadimos las dos yemas y las dos claras montadas a punto de nieve. Después ponemos una de las bolsas de crocanti y el Cointreau.

Hay que dejar que se enfríe completamente en la nevera. La pasta volverá a ponerse dura. Entonces hay que mojarse las manos y hacer bolitas que rebozaremos en crocanti. Si la pasta se pone demasiado blanda, conviene volver a ponerla en la nevera o el congelador un rato más.

Las conservamos en la nevera.

Espectaculares.

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4 pensamientos en “El poder de la luna llena (Solsticio de verano, renovarse o morir)

  1. Me consta que tus trufas son espectaculares. Eres la mejor repostera que conozco. Y la persona más valiente. Y de esas dos virtudes, no es la primera la que más te admiro. Ojalá me la contagies.

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