Buena gente (hablemos de amistad)

te-con-mente

El inocente, el trepa, el tarao y el tacaño. Todos tenemos, en nuestra completa colección de amistades, uno de cada. Si no, no estaría completa.

Como si fuera un álbum de cromos, empezamos a coleccionarlos cuando íbamos al cole. Pero pocos son los amiguitos del colegio los que continúan con nosotros. Son las reliquias de nuestra colección y quizás los más valiosos.

Porque la otra mayoría se ha ido quedando por el camino.

No es tan fácil evolucionar en paralelo y los que no se han casado con parejas demasiado absorbentes o se han ido a continuar sus aventureras vidas demasiado lejos, se han sentado a descansar cuando tu aún corrías o han seguido corriendo cuando tu necesitabas descansar.

Pero la vida te sorprende con gente que se añade a tu carrera o que se sienta a descansar contigo. O a lo mejor has sido tú que has tirado de su brazo para continuar juntos. Eso tampoco es garantía de nada. En cualquier momento pueden coger un desvío. Y lo que es peor, a lo mejor ni siquiera te has dado cuenta.

El hecho es que, a cierta edad, uno cree que ya tiene todos los puestos de lo que queda de la partida cubiertos por lo que se podría llamar “pandilla de supervivientes”. Si son pocos, apretaremos las sillas y si son muchos añadiremos unas cuantas. Y dedicaremos todo el esfuerzo a cuidar de nuestro rebaño, que ya nos da bastante trabajo y empezamos a estar cansados.

Cuando nos digan eso de “te voy a presentar a…”contestaremos que ya no queremos conocer a nadie más. Nos da pereza todo lo que comporta y caminamos despacito hacia la puerta de nuestro espacio de confort, para cerrarla. Hay algunos que consiguen colarse por la rendija, afortunadamente, porque es una lástima dejar fuera personas que podrían alegrarnos la vida aun a riesgo de que también se escurra algún que otro indeseable, que se esos todavía quedan muchos.

Yo apuesto por dejar la puerta un poco entornada. El que quiera entrar tendrá que hacer algo más de esfuerzo, pero si lo consigue se habrá ganado un puesto en mi mesa de póker.

Anoche fuimos a cenar comida siria con Virginia y Sergio. Una excelente cocina con unos buenos amigos es una combinación impecable para una noche fantástica. Y un té con menta bien dulce, un final perfecto.

Ahora tengo que escupir el exceso de miel que me ha quedado entre la cursilada y el teclado. Este es el típico comentario que le encantará a Virginia.

Y ahora tengo que guiñarle un ojo.

Anuncios

3 pensamientos en “Buena gente (hablemos de amistad)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s