Reinventarse a los cincuenta (el coraje de volver a empezar)

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Es el caso de un buen amigo que, después de quedarse sin trabajo, decide usar su tiempo y sus recursos para estudiar un grado superior de cocina. Podría ser el tema de una buena película nórdica, de esas lentas llenas de belleza culinaria.

Es el caso de una buena amiga que, después de un disgusto laboral, decide emprender un nuevo negocio con cariño, despacio, poniendo cuidado en todos los detalles y con extrema ilusión.

También es el caso de alguien a quien creo conocer muy bien que convive con la ilusión de publicar su primera novela.

Y es el caso de varios miembros de mi familia que, después de muchos altibajos, han conseguido encontrar a la persona que les hace felices.

Este fin de semana hemos ido de boda. Ha sido una acumulación muy intensa de sentimientos y sensaciones que se pueden resumir en una palabra: perfecto.

PEQUEÑA CRONICA DE UNA BODA PERFECTA

Se habla mucho de lo que tarda una mujer en arreglarse pero tengo que decir que la mañana de la boda, en la casa del novio, sola con seis hombres y faltando apenas una hora y media para la ceremonia, yo aun no había conseguido acceder a un cuarto de baño. ¡Hombres! Eso no es más que una curiosidad anecdótica, pero tenía que constar.

Después de varios días de terror atmosférico, la providencia nos regaló un día precioso sin demasiado calor. Los novios estaban impresionantes y todos los invitados complacidos. La ceremonia fue breve. Igual de perfecta que la copa de cava que los novios nos ofrecieron allí mismo, a la sombra del faro de Calella.

Un aperitivo ligero, una comida espectacular y una gran fiesta hasta las tantas acabaron de completar un día perfecto.

Los deseos, en una boda, son siempre grandilocuentes y tan bien redactados que añadir algo más suele parecer repetitivo y poco original. Yo solo deseo que aprendáis a ser felices juntos. Porque la felicidad no está por ahí dejando que choques con ella por casualidad. Hay que trabajarla cada día, alimentarla y darle descanso de vez en cuando. Y es cosa de dos. Que lo consigáis es mi deseo.

Ahora se van a la Patagonia a ver ballenas. Y a mí me matan de la envidia.

Voy a consolarme con una taza de té, que no son horas para un whisky.

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2 pensamientos en “Reinventarse a los cincuenta (el coraje de volver a empezar)

  1. Gracias por tu maravilloso deseo Carolina, ese es mi objetivo a los 50. Y como estoy convencida de que la felicidad no es más que la suma de pequeños momentos felices, espero y deseo que compartamos muchos de éstos.
    Un besazo cuñada-amiga.

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