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Restos, sobras y desechos

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Ayer, de camino al mercado, pase por delante de un super de esos a los que va todo el mundo porque son baratos. No lo digo en tono despectivo, yo también voy a esos establecimientos. Delante del super hay una hilera de contenedores de basura dispuestos para que todos reciclemos como nos parezca más conveniente. Y delante de uno de ellos había un chico joven con un carrito de la compra. Eso ya no nos llama la atención porque es el pan de cada día, pero en este caso había algo que te hacía mirar dos veces. A mí y a todos los que pasábamos en ese momento por allí.

Este chico acababa de salir del supermercado con el carro lleno de comida supuestamente caducada y la estaba arrojando al contenedor de basura común no reciclable, porque los alimentos que estaba tirando estaban envasados en bandejas de porex envueltas en film transparente o en envases de plástico. Vi como tiraba yogures, un montón de fruta y verdura, pan de molde… Quiero pensar que todos los que estábamos cerca nos hacíamos cruces.

Preguntando, me di cuenta de que no era más que un chaval obedeciendo órdenes. Se sabía observado y no se sentía en absoluto cómodo. Le habían dicho lo que tenía que hacer y no tenía intención de opinar sobre el tema. Los productos estaban caducados según una etiqueta que no evalúa el deterioro o la falta de calidad de un alimento, sino el tiempo que alguien considera que debe estar a la venta. Pasado este tiempo hay que deshacerse de ellos y está prohibido regalarlos para su consumo. Ni siquiera los mismos trabajadores de estas superficies pueden llevárselos.

Si, está prohibido que alguien con necesidades pueda acceder a productos frescos o lácteos en buen estado. Lo dice una etiqueta. Estos productos no se pueden llevar a un banco de alimentos o a un comedor social. No se puede llegar a ningún acuerdo con alguna parroquia cercana para que algunos de sus feligreses con problemas puedan beneficiarse. Está prohibido. Hay que tirarlos.

Al volver de la compra pasé por el contenedor y vi que apenas contenía alimentos.  Imagino que en cuanto desapareció el muchacho, varias personas con aspecto de no estar pasándolo muy bien y que habitualmente rondan alrededor del parque, han acudido al contenedor y han recuperado gran parte del botín. La pregunta, entonces, es si es necesario que se metan en un gigantesco y apestoso cubo de basura para poder comer.

Me consta que en otros países, Noruega por ejemplo, también tiene que deshacerse de los productos frescos que no se hayan vendido durante el día. Pero no se tiran. Suelen ser donados a organizaciones benéficas o son depositados en la parte de atrás del supermercado, en condiciones más o menos razonables, porque saben que siempre vendrá alguien a buscarlos.

También en esto, España es diferente.

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